Moraleja en la pesca, quien ríe el último, ríe mejor

Moraleja en la pesca, quien ríe el último, ríe mejor

Moraleja en la pesca, quien ríe el último, ríe mejor

por 3 de septiembre de 2013 2 comments

Como bien sabéis, la vida a veces nos propina dolorosos reveses y sinsabores capaces de pasarnos factura anímicamente. Ahora bien, por fortuna, contra ellos contamos con un poderoso aliado.

Humor peZcalero: Quien ríe el último, ríe mejor. Lubina

La risa es un eficaz desestresante que también se puede encontrar en momentos alegres o felices, ya sea con carácter histriónico, o bien apenas perceptible. No obstante, hay que saber administrarla correctamente con el fin de utilizarla a su debido tiempo, pues nada en esta vida es bueno cuando se usa sin medida, sobre todo si con ella se pretende menospreciar al que tenemos cerca.

Una alegre mañana

La historia que vamos a narraros a continuación comienza una mañana cualquiera, mas, para ello, antes es necesario que os pongáis en escena. Verano, playa abarrotada, sol en todo lo alto a la hora del vermut. ¿Qué podría desentonar en semejante cuadro? Pues, por ejemplo, la presencia de dos pescadores de spinning forrados de arriba abajo, rumbo hacia un sitio donde lanzar sus señuelos. En fin, como de costumbre, dando la nota…

En principio, la jornada no pintaba nada bien, de ahí que escogiéramos un destino bastante asequible, pero al final Lorenzo terminó por aparecer. Y de qué manera. Así que, como podréis comprender, nuestro lento paseo por el arenal estuvo generosamente sembrado de comentarios jocosos y risas de los allí presentes, los cuales nos contemplaban con una mezcla de sorpresa y gracia por lo extraño de la aparición. Desde luego, que todo el mundo se encuentre en bañador y que alguien aparezca embutido en un vadeador -encima, cargado de cachivaches-, debe ser algo realmente chocante para quien nada conoce de nuestra afición. En fin, continuemos camino aunque nos siga lloviendo, y vosotros seguid ahí, tumbados como los lagartos…

En escena

A veces es necesario pasar por trances como el descrito cuando pretendemos llegar a un sitio  que tenemos en mente. Obviamente, seguro que muchos de vosotros estimaréis que sufrir tal incómodo chorreo es algo que nunca merece la pena… pero es que, en el fondo, nuestro destino era de los que denominaríamos “de libro”. Piedras que asomaban tímidamente del mar, y una orografía submarina caracterizada por amenazar con quedarse con cualquiera de los onerosos señuelos que portábamos si nos atrevíamos a lanzarlos indebidamente, obligaba sobremanera a afinar el tiro, buscando siempre los canales y rocas que proporcionasen sombra a las lubinas, sabedoras que aquéllas actúan a modo de eficaz biombo llegado el momento de la caza. Sin embargo, la hora de afrontar la salida de pesca no era la más indicada, pues nos pusimos a lanzar ya pasadas las dos de la tarde, a lo que hay que añadir la presencia de un solazo que caía de plano, mientras que la nitidez del océano era tal que se podía ver su fondo con absoluto detalle. Ahora bien, la procesión nunca acaba hasta que no pasa el último cura…

Humor peZcalero: Quien ríe el último, ríe mejor

¡Pim! ¡Pam! ¡Pum!

Lejos de arredrarnos ante tan “adversas” condiciones, nos pusimos a prospectar la zona en busca de actividad. Unos lances aquí, otros allá, a ver esa posición golosonaaaa … Nada, sin novedad en el frente. Cáspita, esto promete…

[box][quote]A veces ocurre que nos cebamos con un sitio, creyendo que el contexto es idóneo para alojar al pez, y el caso es que a veces el punto clave se encuentra a apenas unos metros de él.[/quote] [/box]

De camino hacia un nuevo emplazamiento, reparamos en una esquina donde un leve golpe de mar sacaba un reguero de burbujas que quedaba adherido a la piedra, el cual podría servir de escondrijo a alguna lubina emboscada. Uno, dos, tres, cuatro, veinte lances, y la puntera de la caña se mantenía sin indicar señal de vida…porque no estábamos lanzando donde debíamos.

A veces ocurre que nos cebamos con un sitio, creyendo que el contexto es idóneo para alojar al pez, y el caso es que a veces el punto clave se encuentra a apenas unos metros de él, como fue la presente ocasión. De hecho, bastó con corregir una pizca nuestra posición para que, de forma consecutiva, tres lubinas terminaran por embocar los traidores engaños que lanzábamos. A renglón seguido, y ya bien satisfechos, continuamos con la jornada, la cual nos depararía aún otro par de capturas más. Cinco peces para dos pescadores, en semejante contexto, era para estar más que contento. No obstante, aún quedaba lo mejor.

Humor peZcalero: Quien ríe el último, ríe mejor. Lubinas.

De vuelta

El retorno hasta el coche, pese a que tuvimos que caminar bastante entre piedras y canales con el fin de no quedar aislados ante el empuje de la pleamar, fue de lo más agradable. Juntos fuimos comentando cómo fue el modo en que aquella lubina se prendió, o lo mucho que nos costó sacar la otra, hasta que por fin arribamos al arenal donde previamente se había generado un considerable cachondeo a nuestra costa.

Sin prisa, pero sin pausa, y con las capturas bien visibles, desandamos el camino que habíamos hecho previamente con una salvedad; lo que a primera hora fue todo risas, esta vez se tornó en cuchicheos, giros de pescuezo de 180 grados y absoluta sorpresa. Esas dos manchas sospechosas que a la mañana habían hecho reír a carcajadas a una playa entera, a la tarde la habían hecho enmudecer para nuestro deleite, el cual, en cambio, no fue más allá de esbozar una amplia sonrisa. Como le comenté en voz baja a mi compañero, “Majo, en la vida no nos han mirado, ni nos mirarán tanto como lo hicieron hoy”.

Moraleja en la pesca

La historia que os hemos narrado pretende enseñar que siempre hemos de ser prudentes y humildes con quienes nos rodean. De este modo, cuando, por ejemplo, os crucéis con otros pescadores que no porten material de última generación, estén empezando, o bien su atuendo les haga parecer poco menos que pordioseros, más vale que midáis mucho vuestro comportamiento, pues puede que lo que tengáis delante sea capaz de dejaros en evidencia por mucho que llevéis en activo. Y es que, a veces, ocurre que la risa va por barrios, y a nadie le gusta terminar siendo el cazador cazado…

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2 Comentarios

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  1. Toni Martínez
    #1 Toni Martínez 3 septiembre, 2013, 14:34

    Muy bueno Carlos ;). Una fantástica y divertida lectura.

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