Vídeo de pesca del primer pez

Vídeo de pesca del primer pez

por 18 de marzo de 2013 4 comments

Tras un fin de semana más que intenso en emociones en que se ha abierto la veda de la pesca de la trucha en muchas comunidades españolas, como aquí, en Galicia, toca volver a la rutina y “sentar la cabeza” (pero sólo hasta el próximo día de pesca).

Mañana, 19 de marzo, es el Día del Padre. ¿Cuántos de vosotros le “debéis” vuestra afición por la pesca? Seguro que muchísimos. En la mayoría de los casos, son ellos los que, enganchados a este deporte, animan a sus hijos a que los acompañen en sus jornadas de pesca para que poco a poco les vaya entrando el gusanillo por la pesca. Ya se sabe que detrás de un buen pescador, siempre hay un padre mejor pescador. ¿O no era así el dicho?
Para revivir esa sensación que se siente durante el primer día de pesca, hoy os traemos un trabajo excepcional en el canal de Norcal en Vimeo, sobre la experiencia de pescar el primer pez contada a través de los ojos de un niño de 5 años.

Emoción, incertidumbre, ilusión, tensión, alegría,… ¿No se os han puesto los pelos de punta?

Y vosotros, ¿cómo recordáis vuestra primera jornada de pesca? ¿Cuántos años teníais? No dudéis en contarnos vuestra experiencia. ¡Estaremos encantados de leeros!

Para algún rezagado que aún no tenga su regalo para el Día del Padre, ahí van 6 ideas de nuestro experto Antonio Gallardo. ¡Toma nota!

Si tenéis algún vídeo de pesca que queráis compartir con nosotros, dejádnoslos en nuestro Facebook.

Esperamos que mañana disfrutéis de una jornada de pesca con vuestro progenitor… o con vuestro hijo.

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4 Comentarios

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  1. Toni Martínez
    #1 Toni Martínez 19 marzo, 2013, 10:00

    Preciosa entrada!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  2. Jose Ramon
    #2 Jose Ramon 18 marzo, 2013, 22:35

    Mi primer pez nunca lo olvidare…

    Llevábamos poco tiempo instalados en la nueva casa, un chalet junto al río Henares a su paso por Guadalajara, el verano se presentaba a la vuelta de la esquina y mi hermano mayor Cesar me llamo para enseñarme una caja con gusanos blancos, por aquella época totalmente desconocidos para mi.

    Mi hermano tenia un equipo básico de pesca ya que mi abuelo también era aficionado a este placer y se lo regalo para compartir las jornadas de pesca en el embalse de Buendia.
    A pesar de tener totalmente prohibido acercarnos al rió, mi hermano me invito a que fuésemos a un lugar muy cerca de casa, justamente detrás, por aquel entonces tenias que atravesar una pequeña chopera para acceder a aquel lugar que me bautizo, ahora lo ocupa un gigantesco parque verde con un carril bici. Para acceder a la orilla tenias que deslizarte por una cuesta gigante, o al menos eso me parecía a mi con 8 años, primero uno para que a continuación el otro le pasara las cañas al que se encontraba ya en la orilla. Cuando vi el lugar sentí que era un lugar mágico, mágico como lo sienten los niños, el agua a penas corría, tenia un color verdoso, de la cual parecía que de un momento a otro emergería una criatura nunca vista por ningún humano, la superficie era como una pista de aterrizaje de las pelusas de los chopos donde se posaban mientras caían realizando una coreografía regida por una brisa leve. El lado izquierdo estaba invadido por una espesura de juncos que llegaban a ocupar unos metros dentro del agua. Se podía adivinar algún tronco hundido dejándose asomar tímidamente cual cocodrilo. Del lado derecho salia un enorme árbol que parecía estar intentando saltar el rió, su grueso y rugoso tronco quedaba a apenas un metro sobre el rió, lo que nos valió para pescar desde casi el centro del cauce, la zona VIP. En la orilla mi hermano preparo un aparejo con un anzuelo muy pequeño y una bolla también de reducidas dimensiones, la parte superior coloreada de rojo, junto a esta una fina linea blanca para seguidamente en su falda dejar ver el color natural del corcho. Tras una docena de lances mi hermano dijo “ya está” y en unas cuantas vueltas del carrete elevo a nuestro privilegiado apostadero una pequeña boguita, ese momento fue en el que empece a “creer en la pesca”, se podía engañar a los peces. Tras devolverla a su humilde Henares, me pidió la caja de los gusanos, agitándola suavemente se descubrieron algunos en la superficie del serrín y con cierta selección coloco uno de ellos en el anzuelo. De nuevo lanzo la caña y como otorgándome la espada excalibur me dio la caña, sin preguntas, sin opciones, me dijo “cógela”, mis pequeñas manos agarraron la caña, sintiendo que ahora tenia yo el poder, al instante en que aquella herramienta era portada por su totalidad por mi, mi hermano, sonriendo y con voz susurrante y a la vez impositora me invito a recoger. Podía sentir algo al otro extremo de la linea, algo débil, pero algo se movía, la sorpresa fue cuando pude ver como un pequeño pez venia tras la bolla que yo recogía, lo eleve con ansia, ansia de verlo cerca, de poder tocarlo antes de que escapara del engaño, no era un salmón, ni un marlyn azul, ni un atún rojo, pero recuerdo la ilusión de sentir que YA ERA PESCADOR.

    Años después con la madurez, llegue a una conclusión, una conclusión muy bonita, quizá real o quizá imaginaria, mi hermano, simplemente quiso hacerme sentir lo que se siente siendo pescador deportivo, tal vez eligió ese sitio porque sabia que tendríamos posibilidad de pescar, porque estaba cerca de casa o porque no tenia otro sitio donde bautizarme, pero lo que estoy seguro que ese realmente no fue mi primera captura, mi hermano quiso engancharme a este bonito deporte, y para ello quiso que pescara, mi hermano fue el que realmente engancho “mi primera captura”, me brindo la caña para hacerme creer que yo engañe a aquel pez y lo sacase del agua. Pero aun siendo así, doy mil gracias, porque es así como arrastro tras de mi mas de 20 años practicando esta afición.

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    • Chanquete
      Chanquete 19 marzo, 2013, 09:24

      Una historia preciosa, José Ramón. Muchísimas gracias por contárnosla. Y ahora, después de 20 años, ¿sigues pescando en el Henares? ¿O has buscado nuevos retos en la pesca?

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