Okuma Beachcaster 565, un carrete para la pesca fondal más agreste

por 20 de junio de 2012 0 comments

No se trata de una máquina especialmente innovadora, su diseño es muy sobrio y técnicamente no muestra gran complejidad. Sin embargo, sí que es un buen compañero de pesca, un fiable aliado en roquedos y espigones, válido también para la playa.

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El Okuma Beachcaster 565 y sus versiones más sencillas, poseen tres grandes cualidades para el aficionado a la pesca fondal en ambientes difíciles, donde los rigores marinos hacen estragos con los elegantes cromados de otros carretes: robustez, potencia y resistencia de sus acabados y partes mecánicas.

Características técnicas

– Freno: frontal, micrométrico, progresivo y solvente.

– Velocidad de recogida: cuatro vueltas y media del pick up por una de manivela.

– Bobinas: 3, una de aluminio con capacidad para 290 metros de sedal de cuarenta centésimas, otra de grafito de idéntica cabida y una tercera para líneas más finas, capaz de albergar 250 metros de 0,30.

– Peso: 592 gramos.

– Cuerpo: grafito de gran resistencia.

– Guía-hilos: cerámico para reducir la fricción, anti torsión y con rodamiento.

– Rodamientos: 5

– Antiretroceso: multipunto.

En acción de pesca
La pesca a fondo tradicional es la técnica a la que mejor se adapta el Okuma Beachcaster, demostrando una gran capacidad de tracción debido a su ratio y a la robustez de los engranajes.

Sube sin resentirse peces de un kilo de peso desde varios metros de altura y la capacidad de su bobina permite el uso de líneas gruesas, lo cual lo convierte en una máquina polivalente que podemos usar desde embarcación fondeada o desde orilla, en busca de grandes sargos, doradas y congrios. Si nuestro lugar de pesca favorito es el roquedo o el espigón y ocasionalmente la playa, tenemos en este sencillo pero robusto Okuma un compañero para muchos años.

Evidentemente, no será el carrete que elija el devoto irredento del surfcasting, aquél que pesca con hilos de veinte centésimas en busca de lejanas herreras, pero sí el del incondicional de rías, diques y rocas. Además, su bobina de baja capacidad nos permitirá pescar con monofilamentos de veinticinco centésimas y puente de línea. De esta forma, podremos alcanzar distancias más que razonables en el lance con un diámetro que ofrece garantías ante buenos peces.

Mi experiencia personal
Adquirí este carrete en el 2005. Como puede apreciarse en las fotos apenas tiene unos pocos arañazos a pesar de años de uso ininterrumpido en espigones y roquedos. Tras ser apoyado sobre rocas, sufrir golpes, miles de lances y soportar el trabajo de izar peces de muy respetable tamaño, sigue funcionando como el primer día. Ni una gota de óxido ha hecho acto de presencia en arandelas, rodamientos o engranajes. Siempre he sido muy cuidadoso con mis carretes de pesca: los lavo, seco y aceito tras cada jornada y, una vez al año, son engrasados a fondo. A pesar de estos cuidados, no todos los carretes de precio contenido, unos 40€, resultan tan duraderos.

En las mismas fechas en que me hice con el Okuma Beachcaster 565, regalé una versión más económica de éste con una sola bobina de grafito a un amigo que apenas llevaba tres meses pescando. No era nuevo, lo llevaba siempre en el maletero junto con una telescópica como equipo de apoyo o para esos momentos imprevistos en los que repentinamente surge la ocasión de echar unos lances. Resulta que mi amigo es una de las personas más descuidadas que existen. En tres meses había logrado oxidar y gripar la maquinaria de su primer carrete hasta dejarlo prácticamente inservible. Éste todavía no ha conseguido romperlo.

A favor

– Robustez y durabilidad de todos sus elementos.

– Acertado diseño del guía-hilos que prolonga la vida de la línea y reduce el riesgo de rotura durante la captura de grandes piezas.

– Polivalencia.

– Capacidad de tracción.

– Bobinas de distintas capacidades.

– Freno progresivo.

– Relación calidad-precio no superada por ningún carrete que conozca.

– Precio muy asequible que lo hace ideal para empezar con buen pie en la pesca.

En contra
Me cuesta trabajo buscarle algún fallo a este carrete, en parte porque tiene cierto valor sentimental para mí, en parte porque cumple sobradamente la función para la que está diseñado: la pesca fondal más abrupta. Quizás la falta de antiretroceso infinito es lo único destacable, si bien no representa un problema para la práctica de esta modalidad.

Conclusión
Tanto quien empieza a en esta afición como aquél que pesque en condiciones duras y desee un material de confianza y económico, no se sentirá defraudado por este veterano carrete. Podríamos compararlo con un Land Rover clásico: carece de algunas comodidades pero pasarán muchos años de trato duro antes de que tengamos que plantearnos sustituirlo por el desgaste lógico causado por el uso.

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