Mújol a mosca seca imitación miga de pan en Galicia

Mújol a mosca seca imitación miga de pan en Galicia

por 4 de agosto de 2017 4 comments

Aprovechando un viaje turístico por las “Rias Baixas” gallegas, cómo no echar la caña de mosca por si se terciaba pegar unos lances intentando pescar cualquiera de las innumerables especies que pueblan sus ricas aguas. Y así hice, aunque he de confesar que mi prioridad se centraba casi en exclusiva en intentar pescar un mújol —pez que, aparte de ésta, se conoce con múltiples denominaciones: múgil, mugil, lisa, mugle, albur, corcón, etcétera…, gran cantidad de nombres excepto “múgel” con el que me empeñé en llamarlo en casi la totalidad de mi periplo por aguas y tierras gallegas, lo que hará entender al lector con ello los escasos conocimientos que tenía sobre la pesca de este pez si ni siquiera sabía cómo se llamaba—, conocido también como el “macabí de los pobres” supongo que por su parecida morfología, su brava lucha y por su mayor accesibilidad incluso para habitantes del interior peninsular como yo, puesto que desplazarse a pescar el genuino macabí en su hábitat natural representa un dispendio económico no al alcance de todos los bolsillos.

Enamorado de la pesca del Mújol

Si me retrotraigo en el tiempo, y a modo de pequeña y anecdótica introducción histórica personal, hace ya casi 20 años fue la primera vez que tuve la oportunidad de pescar este pez junto a un colega. Ya no recuerdo en qué puerto fue (Porto do Son, Portosín o Riveira), pero sí me acuerdo perfectamente que era época de nécoras, los pescadores profesionales por la tarde cambiaban el cebo de las nasas y esto atraía a una innumerable cantidad de estos peces ávidos de comer los restos que se le ofrecían. Entonces, asesorados y ayudados desinteresadamente por un vigilante de la Xunta que andaba por ahí (para ser sinceros era él quien pedía el cebo o carnada a sus conocidos pescadores e incluso nos lo ponía correctamente en el anzuelo), y nosotros simplemente echábamos el aparejo montado con una pequeña boya, habiendo de esperar muy poco hasta que uno cualquiera de los cientos de mújoles que peleaban por la comida picara, iniciando de inmediato una furiosa y potente lucha hasta que conseguíamos subirlo sobre las tablas del pantalán, y allí, una vez desanzuelado, devolverlo de nuevo al agua ante la sorpresa de los pescadores profesionales que no entendían esta actitud del captura y suelta poco o nada arraigada por estos lares, cosa lógica en el sector de la pesca profesional, mirándonos cuales locos de atar o imbéciles de solemnidad. Fue entonces cuando me enamoré de la deportividad de esta especie.

Mújol a mosca seca

La cuestión es que provisto de mi caña y unas moscas de pelo de ciervo imitación de miga de pan, que por oídas y alguna lectura menor tenía entendido que son muy del gusto de esta especie (la miga de pan, matizo, porque otro cantar eran mis poco sofisticadas, por no decir algo bastas, creaciones) me propuse intentar pescar alguno de estos mugílidos. Cuál sería mi sorpresa cuando, a los pocos lances, veo cómo desde lejos uno de estos peces, y por si fuera poco unos de los más “gordos” que deambulaban por la zona, va emergiendo del agua y se dirige directo a la mosca, haciendo la intuición y la experiencia acumuladas con otras especies, aunque fueren de agua dulce y pese a mi bisoñez en la pesca del mújol, el tener la certeza de que lo que buscaba era mi cebo artificial, sólo albergando la duda, cosa normal en otras especies que sí he pescado, que al llegar a ella la rechazara o simplemente fuera yo quien fallara la picada.

Pero, no, rápidamente se disiparon todas mis dudas e incertidumbres: la tomó con suavidad de forma idéntica a como lo hace una carpa en superficie, pez con el que sí tengo experiencia, y, al no tener seguro en qué momento clavar, instintivamente lo hice como pesco ciprínidos, es decir, conté mentalmente: “uno, dos, tres…” de forma rápida y di el cachete. No sé realmente si es la forma correcta de hacerlo o hay que darlo de inmediato o dejar un lapso de tiempo un poquito mayor, pero la cosa es que la clavada fue apoteósica y presto el pez empezó a chapotear y a luchar con el ánimo de soltarse. No fue así hasta que, ante la falta de sacadera y debido a la altura de la dársena donde me hallaba en relación al agua, no tuve más remedio que intentar izarlo por el bajo con lo que, prematuramente, ya que mi idea era hacerme una foto de recuerdo y posteriormente devolverlo al agua, se desprendió del anzuelo y se liberó escapando raudo buscando el fondo.

Y así fue y así ha sido contado el cómo me enfrenté por primera vez con un mújol a mosca en superficie, no teniendo todavía claro si el momento de clavar el pez es el correcto tal como he relatado, aunque esta vez, y al vídeo que acompaña este artículo me remito, sí fue acertado; pero sí he de reconocer que el seguir el consejo de expertos en este tipo de pesca y pez, cuando apuntan que lo más conveniente es plantar simplemente la mosca en la trayectoria de la lisa, es una manera efectiva de capturar este admirable y deportivo habitante de nuestras costas y puertos.

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4 Comentarios

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  1. Josiño
    #1 Josiño 7 agosto, 2017, 10:18

    Pescando en zonas de puerto, es mejor buscar zonas donde se pueda cobrar el pez con comodidad. Si no, hay que ir provisto de una sacadera de mango largo.
    Saludos

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  2. PEIXE BRAVO
    #2 PEIXE BRAVO 6 agosto, 2017, 01:11

    En mi tierra gallega toda la vida se le llamo mujel, ademas de los otros nombres por que se le conoce, también LEBRANCHO

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