La pesca de brecas, como, donde y con qué

La pesca de brecas, como, donde y con qué

La pesca de brecas, como, donde y con qué

por 23 de junio de 2016 0 comments

Salir a la pesca de brecas y hacerse con un puñado de ellas puede parecer algo habitual e incluso fácil para todo pescador habituado a pescar al pairo, pero solo quien domine sus características y peculiaridades tendrá alguna opción de regresar a puerto con un pagel que supere los dos palmos.

Cuándo y dónde probar la pesca de brecas

Solemos ir a la pesca de brecas en los meses de invierno por una sencilla razón: necesitamos que el mar esté calmado y nos dé la tranquilidad y la pausa adecuada para esta especie tan desconfiada. Hablamos del Mediterráneo. Solo nos servirán los días que el mar esté como un plato, sin nada de viento, sin mar de fondo que haga rebotar nuestros plomos y aparejos, con una deriva lenta y constante que nos ayude a rastrear el substrato, que puede variar entre los veinte y los sesenta metros de fondo.

No valen todos los fondos, a la breca no la encontraremos en las rocas ni tampoco en arenas finas, así que habrá que afinar con la sonda o buscar zonas mixtas. Un servidor, por ejemplo, toma como referencia zonas rocosas o pecios hundidos y busca las brecas en sus inmediaciones (nunca encima), dando con ellas tarde o temprano, marcando cada picada en el GPS para ir acotando sus parcelas preferidas. Podemos estar un buen rato sin señales de ellas pero, cuando pica una se suceden otras tantas picadas, momento de fijarnos en la sonda para familiarizarnos con el tipo de fondo mientras marcamos la zona.

la pesca de brecas

La picada del pagel es inconfundible: no deja lugar a dudas. Si tenemos paciencia y los nervios bien templados, no será difícil hacer doblete en cada calada, aunque los peces no serán de una gran envergadura en estos casos. La breca avisa primero dando dos bruscos golpes secos. Hay que mantener la calma y no precipitarse: es como si estuvieran llamando a la puerta y justo en el tercer toque le damos el golpe de gracia: ¡clavada!

Cómo y con qué pescar las brecas

Este espárrido come a ras de suelo y es muy desconfiado, por lo que tendremos que realizar movimientos muy suaves. Es delicado en su menú y se fija en cualquier detalle, así que no nos quedará otra que usar bajos finísimos de flurocarbono montados con anzuelos de pequeño tamaño. Un cebo que le gusta mucho es el gusano americano, el cual ensartaremos con una aguja de tubo en el anzuelo con sumo cuidado de no derramar su jugosa sangre. Es muy importante que el anzuelo quede bien disimulado y que la presentación sea lo más natural posible, dejando descansar los gusanos en el suelo, ¿o habéis visto nunca a uno nadando?

Un truco para la pesca de brecas que puede ayudaros es usar un bajo de línea muy largo y, para ello, necesitaremos una caña de pescar de, por lo menos, unos cuatro metros. Deberá tener la puntera súper-sensible para detectar cualquier picada. Al usar estas cañas tan sensibles podemos optar por una línea madre de nylon de 35mm, aunque personalmente prefiero las líneas trenzadas de 0,06mm. Para los bajos afinaremos hasta los 0’26mm.

No necesitaremos un carrete especial, pero nos aseguraremos que el freno sea de calidad y progresivo, pues si tenemos tirando a una buena breca, es muy fácil que parta un bajo tan sumamente fino si nos falla el freno. Los plomos a utilizar irán en función del estado de la mar y la deriva. Nos interesa que todo el bajo repose en el fondo, por lo que usaremos plomos de unos 60gr hasta 150gr como máximo, pues si superamos este peso indica que el arrastre es demasiado brusco para tentar a tan asustadiza especie.

Una vez clavada, iremos cobrando la pieza con calma y progresivamente, en tanto que el pagel no sufre daños por descompresión y tira igual cuando pica, cuando sube y vuelve a la carga de nuevo en superficie, así que para nada nos podemos confiar, pues los cabezazos y las carreras van a ser constantes durante toda su lucha. Es un pez muy fino, ¡pero con mucho carácter!

La pesca de brecas también a jigging

Una de las cosas que me vuelve loco de este pez es que ataca señuelos artificiales. Seamos sensatos: salir a por brecas a jigging no es una empresa demasiado rentable, pero os aseguro que siempre caen los ejemplares más espectaculares.

Para la pesca de brecas, no necesitamos grandes equipos y los señuelos deberán ser más bien discretos. Existen en el mercado cañas específicas para realizar este tipo de ligth-jigging pero os puede servir una caña de spinning de acción 40gr y unos 2,4m de largo. El carrete no debe ser rápido necesariamente, puede ser pequeño y ligero para hacer nuestras jornadas de pesca más agradables. La línea madre mejor si es trenzada para dar más sensibilidad y aportar una clavada más enérgica al detectar la más mínima picada, empalmada a unos tres metros de flurocarbono de 40mm que aportará la elasticidad y la invisibilidad necesarias para engañar a tan astuto pez.

Dejaremos descender el señuelo hasta tocar el fondo y dejaremos que éste se arrastre, dándole pequeños toquecitos con la puntera de la vara. Para esta técnica de pesca el carrete aporta muy poco, realizando toda acción de pesca nuestra muñeca. Podemos levantar el señuelo unos metros recogiendo línea con el carrete, así damos la sensación que el pez pasto huye asustado, dejándolo caer de nuevo hasta el fondo, momento en que la breca no dudará en dejar escaparlo de nuevo. Alternando movimientos suaves a ras de suelo con pequeños tironcitos, que alerten a los pageles que rondan por la zona, será una buena opción para tentar a los ejemplares más grandes.

Pescando fino… o no

El día era impresionante: una mañana fría de enero, clara, calma, con el sol ya en lo alto. Llevábamos horas pescando con Jaume, un excelente pescador acostumbrado a la presión de la competición al más alto nivel pero, para presión, la que sentía yo, sin fotos de un gran ejemplar para el reportaje. Empezaba a estar angustiado, me sentía agobiado, estresado. Habíamos recorrido todas la marcas que guardo en mi GPS, habíamos gastado ya cuatro cajas de americanos, cambiado tres veces los bajos, infinidad de veces los plomos,… No dábamos crédito a lo que nos estaba pasando. El mar estaba perfecto, la deriva inmejorable, trabajábamos bien, teníamos picadas: dobletes, tripletes, pageles solitarios… pero todos los peces eran de escaso tamaño.

Aprovechamos las primeras horas para buscar fondo, empezando a pescar cerca de un conocido pecio que descansa en el Golfo de Rosas a cincuenta metros de fondo, custodiado por dos boyas, una de ellas meteorológica. Tenemos un fondo fangoso, un barco enorme y dos grandes bloques de hormigón en medio la de la nada, ofreciendo buen refugio y reclamo a infinidad de especies autóctonas. En sus alrededores, hace ya un tiempo, pesqué buenos ejemplares de pageles pero, aquél día, ni uno que valiera la pena.

Tras hora y media de infructuoso trabajo decidimos poner rumbo a la opción numero dos: otro barco hundido a cuarenta metros de fondo. Plomo más fino, tres americanos bien ensartados en anzuelos pequeños, cañas con punteras súper-sensibles… sin los resultados deseados: dos brecas de palmo y otra que no pasaba de medio quilo escaso. Realicé alguna que otra foto para justificar mi fracaso, pero el sol apuntaba en todo lo alto y aún teníamos alguna opción, pues la breca pica durante todo el día, no importa la hora sino el mar y la presentación del cebo en el fondo. Mientras el mar se mantuviera en calma, había opciones: tercera y última, a escasos treinta metros de fondo.

pescando brecas

Tenemos la sensación que a más fondo, más grandes son los peces que habitan en él, así que si a cincuenta metros no hubo ni picada i a cuarenta todas fueron pequeñas piezas, poca cosa podíamos esperar a los treinta metros pero, por suerte, así es la pesca y siempre nos guarda alguna sorpresa. Pescábamos a pulso, aguantando las ansias de clavar las picadas más ínfimas para descartar capturas minúsculas. De repente, las picadas aumentaron en intensidad y número, indicando que estábamos justo encima de un gran cardumen de pageles. Jaume clavó e izó un buen doblete, un servidor también, pero los individuos no pasaban del medio quilo, cosa muy habitual en esta especie. Sentí que el tiempo se terminaba, me quedaban sólo cinco líneas para completar el reportaje y no habíamos conseguido ningún ejemplar digno de ser publicado. La presión pudo conmigo, me harté de pescar fino y de confiar en los americanos. Cogí mi cañita de spinning, monté un DUO Press Bait de 40gr y lo dejé bajar hasta el fondo y, con sólo tres golpecitos de muñeca… ¡entró el pagel de mi vida!

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