La crisis, también en nuestros ríos

La crisis, también en nuestros ríos

por 2 de septiembre de 2012 0 comments

Llevo tiempo queriendo hacer este post de opinión, pero no he querido escribirlo hasta ahora, cuando muchos tramos de los ríos cierran la temporada y después de disfrutar de tertulias de final de jornada con otros muchos pescadores, y que en la práctica totalidad de los casos, han sido muy pocos optimistas. Está claro que en la oleada de recortes que nos afecta y afectará, el medioambiente y la pesca no serán ajenos, pero si se hace por un sector tan olvidado (por no decir maltratado en muchas ocasiones) los efectos pueden ser devastadores.

Además hay que añadir un problema más, la incomprensión y muchas veces soledad del pescador. El mejor ejemplo lo tenemos en el Real Decreto que nos dejó de “regalo” la entonces ministra de Medio Ambiente, Rosa Aguilar, sobre especies invasoras que pese a la marcha atrás parcial ha llevado al cierre de cotos intensivos (algunos definitivamente) y graves pérdidas económicas en muchas zonas que agravan el efecto de la crisis actual y la que llevan sufriendo muchos años por la despoblación.

La pesca deportiva es una actividad lucrativa, y no hay que olvidar este punto y trabajar en ello, y desde luego apoyarnos en el cuidado de nuestros ríos y embalses, en el que los pescadores (salvo algún desaprensivo que hay en todas partes) somos los primeros interesados y los primeros que trabajamos en ello, manteniendo riberas limpias, cuidando no excederse en el número de capturas o practicando cada vez más la pesca sin muerte, pero siempre con una perspectiva real. Se pueden preservar tramos, recuperar otros, pero hay ríos y embalses con especies ya aclimatadas y generando amplios beneficios económicos que no se pueden eliminar. El daño sobre estas regiones, que pueden llevar a su abandono, sí tiene unos efectos socioeconómicos y medioambientales dramáticos.

El mal ejemplo de la administración

Ante esto, la administración tiene que apostar por soluciones realistas y desde luego, aportar en la medida de sus posibilidades recursos que ayude al desarrollo de estas regiones en las dos vertientes, socioeconómica y medioambiental.

Os voy a poner dos ejemplos. El primero en Santa María de la Alameda, el último pueblo de Madrid en la carretera que une El Escorial con Ávila. Hasta este año, en los tramos altos de los ríos Cofio y Aceña se gestionaba un coto intensivo con trucha arcoíris. Desde hace muchos años, la trucha común es muy poco abundante en estos ríos, e introducirla de forma exitosa requiere de un gran esfuerzo económico que la administración no se planteó. Ante esto, se eligió la opción de realizar sueltas de arcoíris y gestionar un intensivo de forma privada (consensuada por su puesto con la administración) por una asociación de pescadores con tramos en los que se podía practicar distintas modalidades de pesca, protegiendo a la trucha común y permitiendo a muchos aficionados tener una jornada de pesca exitosa, no comparable por supuesto a si pescamos trucha autóctona, pero matando el “gusanillo” especialmente fuera de temporada.

Este coto, ayudaba a generar ingresos en una zona que, cercana a Madrid, vive de forma importante del turismo rural. ¿Qué pasó este año? El coto cerró sus puertas por culpa del Real Decreto que impedía la suelta de truchas arcoíris, un decreto que, por ejemplo, no tenía en cuenta que la trucha común no puede hibridarse con la trucha arcoíris (cosa que sí lo hacen con otras truchas comunes centroeuropeas que sueltan alegremente en otros ríos y acaba con la pureza genética de nuestra “pintona”) y que las repoblaciones de esta especie tienen una vida muy corta, se pescan en casi toda su totalidad y pocas perduran temporada tras temporada. Pero el daño está hecho.

Vamos a un caso distinto un poco más al norte, en San Martín del Pimpollar en Ávila. En su término municipal hay un coto muy conocido de trucha común, el del Navarenas, lugar que he pescado en muchas ocasiones y que me encanta. Este año, la Junta de Castilla y León vedó el coto por la escasez de trucha, algo que llevamos notando desde hace años y que desde luego considero que es una medida correcta. En mi última parada en el mes de julio, me interesé sobre las medidas que se habían realizado y la respuesta fue la más descorazonadora “nada” y seguramente el coto “estará cerrado años”. ¿Puede un tramo que seguramente haya sido sobreexplotado recuperarse de forma natural? Seguramente pueda, pero demasiado lentamente, y si además, el vedado le acompaña una bajada en su protección, permitiendo que muchos furtivos puedan pescar más alegremente, quizá consiga un efecto contrario.

Más tramos vedados, más furtivismo

¿Cómo ayudar? Aprovechar la veda, para hacer pesca eléctrica de buenos ejemplares y reproducirlos en cautividad para realizar una suelta de truchas autóctonas, garantiza un crecimiento de la población piscícola más rápido, y si unimos revisar la política de capturas del coto (reduciendo capturas o pasando a pesca sin muerte) garantizaría su viabilidad en el corto plazo. ¿Cual es el resultado de no hacerlo? Por un lado la recuperación de los ríos es, siendo optimista, muy lenta, pero socioeconómicamente hunden a la zona. San Martín del Pimpollar tiene 250 habitantes y vive de forma muy importante del turismo rural. Desde luego, tiene muchos alicientes la zona, pero si quitamos uno, es un paso atrás.

Preguntando al dueño de una de las “ventas”, restaurantes que hay en la zona de confluencia de este río con el Alberche, me reafirmaba sobre este panorama desalentador. “Vivimos mucho de los moteros que hacen rutas por estas carreteras y de los pescadores. Los primeros salen menos con la subida de la gasolina y si a los segundos se les cierran los ríos, no sé donde vamos a parar”. Lo peor es que esta realidad es extrapolable a muchas zonas de España.

También cada región tiene políticas a veces completamente opuestas, por ejemplo en Extremadura las zonas más altas de gargantas del Jerte y el Tietar llevan muchos años vedados, lo que te permite ver ejemplares de buen tamaño, que hasta ahora, permiten que en tramos más bajos se pueda conseguir alguna jornada de pesca “aceptable”, mientras que, por ejemplo, en un tramo alto en Ávila me encuentro con el curioso cartel que podéis ver: “Tramo con autorización privada de pesca”.

Siempre vi truchas en este tramo, cuando era vedado, que va al Barbellido, curiosamente con esta “autorización privada” no vi ninguna, como tampoco vi en tres salidas de pesca a ningún guarda o agente del SEPRONA pidiéndome la licencia y permiso de coto, que religiosamente pagamos. Al final va a ser verdad que más vedados, más furtivos.

En estos días tenemos un ejemplo de claro daño medioambiental, en los incendios que afectan gravemente a casi todo el país. Que hay circunstancias extremas que llevan a estos incendios, sí, pero que también se nota una disminución de gasto tanto en la extinción como especialmente en la prevención, sí.

Por ello, los pescadores debemos seguir haciendo fuerza. Los pasos atrás en el Real Decreto ha demostrado nuestro poder, pero nuestros argumentos deben continuar en el camino de defender la actividad que más nos gusta y la importancia económica y medioambiental de este deporte. De no conseguirlo daremos un importante paso atrás que tardará muchos años en recuperarse, si se hace. Está en nuestras manos.

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