Una medida de seguridad muy útil para el pescador madrugador

Una medida de seguridad muy útil para el pescador madrugador

Una medida de seguridad muy útil para el pescador madrugador

por 22 de noviembre de 2017 0 comments

Como bien sabemos, determinadas disciplinas esconden un considerable componente de riesgo que el pescador ha de identificar y minorar al máximo por la cuenta que le trae. Probablemente, quienes mejor certificarán la exactitud de esta apreciación serán los colegas que practican el lance ligero con artificial desde costa, de ahí que siempre convenga hacer hincapié en el aspecto de la seguridad si es que pretendemos seguir en la brecha vivitos y coleando.

Así, y por lo pronto, la prudencia y no creernos a salvo de percances por mucho que llevemos en activo, son algunas de las medidas que deben saltar como un resorte defensivo antes de dar ciertos pasos, máxime si hemos tenido malas experiencias previas, pero lo cierto es que, incluso de tránsito hacia el puesto, existe la posibilidad de tener que adoptar algunas precauciones añadidas.

Ojos bien abiertos

Antes que Lorenzo despunte por el horizonte, no es manca la legión de pescadores que pone rumbo a sus destinos favoritos con la intención de aprovechar ese momento mágico que propicia el cambio de luz, producto del paso de la noche al día. Así, unos efectúan amplias epopeyas en coche, lo mismo que otros afortunados, ante la cercanía de la postura apetecida, y con la intención de saborear ese agradable rato de penumbra en que todo parece estar en calma, prefieren caminar por el arcén de la carretera a paso de legionario, llenos de ilusión por averiguar qué deparará la jornada que apenas acaba de comenzar.

Sin embargo, estos últimos, con los sentidos todavía desperezándose tras el letargo nocturno, no tienen otra alternativa que poner el piloto automático y dejarse llevar por él hasta el final del recorrido, medida que habrá de tener carácter muy transitorio, si es que descartan la idea de que no hay que encender ninguna luz de alerta hasta que nos arrimamos a la orilla. Craso error comete quien así piense, vaya que sí…

Sí que tenemos compañía

No, en absoluto somos los únicos que hemos madrugado esa mañana, pues lo mismo que la base de nuestra decisión arranca de una cuestión puramente lúdica, otros bien pueden haber despegado la pestaña con el fin de afrontar quehaceres menos atractivos, en tanto que también hay quienes estiran la noche del fin de semana hasta el extremo, y en ambos casos pueden recurrir al coche para desplazarse.

A tal efecto, nos encontramos ante un contexto en el que cabe la posibilidad de que cualesquiera de estos conductores no adviertan nuestra presencia, y que por ello nos veamos envueltos en un accidente, ya sea merced a un descuido o a un error de apreciación, o porque, simplemente, y en base a la tajada que algunos lleven al volante, no vean tres en un burro. Y luego no vale decir que “yo iba por mi sitio”, pues el daño ya estará hecho.

Luz en el túnel

Caminar por el arcén de la carretera es un riesgo que hemos de valorar muy seriamente, y más a horas intempestivas. De hecho, todos los años hay atropellos por este motivo. Por ello, y en la medida que el peligro viene de frente hacia nosotros, démosle la cara del mismo modo que lo hacemos a la mar, así que, para empezar, circulemos por el lado izquierdo de la vía. Eso sí, dicho comportamiento no implica que quien venga en sentido contrario nos perciba ante la ausencia de claridad.

Por tal motivo, cuando no haya opción de caminar por otro lado, adoptemos una medida que igual podrá parecer simple para decir “cucuuuu…, estoy aquiiiii …” a quien venga motorizado, pero que sin duda funciona. Para ello, basta con enroscarnos en torno a la muñeca el ajuste elástico de la luz frontal que luego emplearemos en el pedrero, y en cuando detectemos un coche que vaya a pasar cerca de nosotros, encendámosla a la par que avanzamos. El mero braceo que generamos conforme andamos hará que la linterna se mueva, lo que la hará bien visible en plena noche. A consecuencia de ello, veremos cómo ese par de cegadores focos que se nos acercan y alumbran, se desplazan paulatinamente hacia el centro de la carretera, síntoma inequívoco de que el conductor sabe que hay un peatón en el arcén, por lo que se abre para evitar males innecesarios. A otros, en cambio, parece dar igual cuanto hagamos o son burriciegos, de modo que, ante una ausencia de cambio en su rumbo, no está de más apuntar la luz de la linterna hacia la vía, pero sin intención alguna de cegarlos.

En distintos momentos 

Quizá la presente medida sea algo en lo que muchos no hayamos caído hasta que vemos las orejas al lobo, pero lo cierto es que funciona y evita muchos sustos. Asimismo, no nos sirvamos de ella sólo de cara a avisar a aquellos a los que la noche les confunde, sino también al atardecer, momento en el que el cambio de luz no sólo es capaz de jugar malas pasadas a los peces.

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