Reflexiones de un pescador

por 2 de noviembre de 2014 0 comments

Hoy quiero escribir un cuento para adultos, desnudar un poco nuestras mentes vigorosas mientras ejercemos de invitados ante unos anfitriones tan esquivos como inteligentes, y relatar imaginaciones y pensamientos entre piedras , arena , cemento o sabe dios dónde.

Reflexiones de un pescador

Lobas con artificial

Ella acecha una posible presa, agazapada entre las piedras y las algas que la camuflan a la perfección, aguantando la corriente que es importante y esperando ese instante que como si de un resorte se tratase se abalanzará sobre nuestro señuelo, el cual va simulando un pez herido en la superficie, cuando esté a su alcance o pase por encima de la loba.

No puede permitirse fallar, a diferencia de nosotros, su vida depende de capturar o no su presa. Nosotros imaginamos la escena mientras movemos nuestro artificial por aquel sitio que tantas buenas oportunidades y capturas nos ha regalado.

Momentos de recuerdos, casi absortos, casi demasiado distraídos nos damos cuenta de repente de una ligera olita detrás del “Popper” y un gran estruendo rompe el monótono momento y lo convierte en realidad. Se frena el carrete, la caña se  dobla y nuestra adrenalina se dispara.

Calamar con pez desde costa

Cien o quizás mil calamares están a punto de pasar por aquí, un gran grupo hambriento dispuesto a atacar por doquier a este gran y numeroso grupo de incautos que han lanzado sus peces de colores, mejor dicho, sus mejores peces de colores en este mar.

Mi pez sube y baja con los tirones de mi caña, a veces simula un buen cebo y otras sólo es un peso muerto o mejor dicho imagino que es un pez moribundo que va descendiendo hacia el abismo.

Qué encantadoras historias pueblan las mentes de los calamareros que tientan noche tras noche al depredador más audaz de nuestras costas.

Surfcasting, eso sí es soñar

No hay mejor sensación que oler el mar desde una playa, ver como las pulgas se agolpan en el cebo que tenemos apoyado en la arena, recostados en la silla, atentos a las cañas, y esperando a que algo se coma nuestro gusano. Ahí sí tenemos tiempo a soñar, ver mentalmente como por las olas y las corrientes se entierra nuestro plomo e imaginar cerca un espárido hambriento abalanzarse sobre el arenícola y al devorarlo imprimir el movimiento mágico que a unas decenas de metros hace que nuestra caña se mueva con vigorosidad.

Pesca a surfcasting

Aunque siempre la picada mejor es la que nos ocurre cuando estamos solos, no cabe duda que en la noche y en la playa nuestra cabeza nos hace vivir imaginarias jornadas unas dentro de otras e incluso las mezclamos como si se tratase de una película fantástica donde un gran rodaballo nos rompe la caña.

Las horas no pasan o lo hacen a la velocidad de la luz, todo depende de nuestros sueños e ilusiones.

Sargos a boya

La espuma necesaria, la fiereza de un mar que revuelva aunque no demasiado, el acantilado peligroso y atrayente, la incertidumbre de la corriente, un cebo bien presentado y la ausencia de bogas indeseables hacen en su conjunto de la imaginación un arte.

El movimiento de la boya es lo suficientemente hipnótico que nos envuelve en un mundo onírico de olores fuertes y peces especiales. Porque lo son, los sargos son especiales, sigilosos, acechantes, curiosos y musculosos.

Pesca de sargos con Boya

El mar se mueve cerca de ti, te lleva y te trae, te arrastra y te hunde, te duerme y en un golpe magistral de una ola severa hace que un sargo te asuste con su picada furiosa, acompañada de la resaca del golpe.

Los siete metros se doblan, el carrete silva y cedes un poco para que la captura sea un éxito, te das cuenta de la situación y buscas la zona de subida del trofeo…. Ya está por allí…  unos minutos más y lo tienes a tus pies.

Ahora señores y señoras díganme ustedes que esto no es un sueño de pescador.

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