En la pesca de lubinas no siempre se gana

En la pesca de lubinas no siempre se gana

En la pesca de lubinas no siempre se gana

por 23 de enero de 2015 0 comments

Aprovechando unos días libres, este pasado fin de semana tocó volver a tentar a la suerte con la caña en la pesca de lubinas, aunque el resultado fue de lo más agridulce. Se nota que poco a poco van arribando al litoral, pero de momento se hacen las remolonas por aquello de la coyunda. Aun así, como siempre, lo mejor de todo fue el paseo y lo mucho que se aprende del mar y sus habitantes… si es que sabemos leer entre líneas las lecciones que ambos nos dispensan.

pesca de lubinas

Sábado de contrastes

El sábado comenzó de lo más negativo, pues, pese a que encontré un puesto de lo más sugerente, estuve lanzando más de una hora en él sin obtener premio. Una cala de bolos de escasa profundidad, con un color de agua ni muy claro ni muy oscuro, y bien surtida de borbotones de espuma y salpicones, a menudo son ingredientes suficientes para liarla… pero de momento erré el tiro. ¿Incapacidad manifiesta, o es que no estaban por allí? Quién sabe.

pesca de lubinas con minows

Pese a tan desalentador comienzo, continué por otra postura próxima a la que tenía fe. No obstante, mientras pensaba la jugada, coincidí con un colega con el que aproveché para charlar laaaaargo y tendido sobre todo lo que concierne a la pesca de lubinas, –que si equipo, señuelos, bufffff… en resumidas cuentas, parecíamos dos solteronas cascando sin desmayo del cuore….–. Al final, él quedó arriba y yo probé a tentar al demonio, el cual mordió al primer lance; un ejemplar de 45 cm embocó entusiasta el minnow que le planté delante de los morros. No está mal como primer plato. Al principio, la notable forma de doblarse la caña me hizo pensar en una buena captura, pero a los pocos segundos ésta cejó en su pelea y mostró su entidad real.

En lo sucesivo, y pese a encontrarme en una zona repleta de canales y piedras sumergidas, nada más llamó a mi puerta hasta que decidí plegar velas y regresar a casa –no sin antes pararme a charlar profusamente con otros cuantos pescadores que, desde las alturas, ya me habían jipiado de antemano y habían visto toda la operación de la captura–.

El demonio nunca duerme

El domingo y el lunes, pese a variar de zona, no tuve suerte de pinchar escama, pese a intentar la pesca de lubinas a distintas horas, así que hubo que esperar al martes para así tratar de enderezar tan irregular balance.

El día de autos fui a un puesto que tiene mucho calado en cualquier momento de marea, y que –no sé porqué– siempre me ha llamado la atención. Así, a las 8 de la mañana, y dándole vueltas previamente a la conversación que el sábado mantuve con un pescador, puse un vinilo de generoso tamaño armado con anzuelo dorsal y cola en “T” de color oscuro, el cual lancé a un saliente. En el fondo, se trata de un lance que no va más allá de los 25 metros, y que hice con el afán de aprovechar el remolino que se creaba al salir la ola. Pues bien, lanzo la primera vez, y poco a poco dejo que la trampa vaya sumergiéndose hasta que considero que ya se puede recuperar línea. Según paso una roca que aflora, noto que la caña se arquea suaaaaaavemente –algo a lo que no di la menor importancia, tal vez porque por entonces estaba medio dormido, y porque achaqué todo a un golpe del señuelo contra la piedra–. Pero hete aquí que ese golpe pasan a ser varios, y secos…. donde no hay piedra. Una vez la vara recupera su rectitud, bruscamente se arquea por completo y la puntera apunta hacia el agua, mientras el carrete comienza a escupir línea con estrépito durante unos cinco segundos.

equipo para la pesca de lubinas

Justo en ese momento salía el remolino, y por una décima de segundo pensé que el freno lo tenía suelto, pero al instante recordé que, en una escala de 0 a 10, lo tengo a 8-8,5, es decir, nada fácil…… Durante esos segundos, y me resultó totalmente imposible parar la carrera e intentar darle el cachete. La escena era más propia de estar pescando a jigging que a spinning, pues la picada fue a apenas 5 metros de mis pies y a 12 metros de altura, tras lo cual, lo que fuera se lanzó como posesa hacia el fondo, lugar donde desplegó toda su potencia.

No contenta con lo demostrado hasta el momento, llega una tercera arrancada y sigo sin poder frenarla. Es más, todavía hubo una cuarta carrera aún más intensa que traté de detener poniendo la yema del dedo suavemente sobre la bobina para ponérselo más difícil… pero no había manera: ella simplemente continuaba con su camino.

En la pesca de lubinas no siempre se gana

Entre pitos y flautas ya habían pasado unos 30 segundos sin que la rabiosa demostración de potencia pareciera atemperarse, mas, de repente, la caña se enderezó súbitamente. Tras ello, tenté, pero no hubo respuesta al otro lado de la línea. No me lo podía creer. Con desánimo, miré el aparejo y comprobé que todo estaba perfecto, pero se ve que el anzuelo del lomo no halló donde aferrarse con firmeza, o bien lo hizo someramente. Así es la pesca, majos; esta vez toca administrarnos ajo, agua y resignación

A día de hoy, son muchos los pensamientos que me han rondado y me rondan acerca de lo ocurrido esa mañana, pero, pese a salir derrotado, aún me estoy relamiendo con el lance vivido, aunque este sabor agridulce tardará tiempo en abandonarme, no sé si para bien o para mal. Está visto que, cuando menos te lo esperas, nos la pueden liar, así que, estimados colegas, salid por ellas y, por la cuenta que os trae, revisad siempre cada detalle de vuestro equipo por nimio que sea.

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