Historias de pescadores: mis primeros pasos junto a mi padre

Historias de pescadores: mis primeros pasos junto a mi padre

por 15 de marzo de 2013 2 comments

Aun recuerdo aquel día. Mejor dicho, aquella semana. Me acuerdo de que hubo muchos cambios en nuestra vida. Puesto de trabajo nuevo, coche nuevo, una mentalidad más liberada y expandida en un corto periodo de tiempo de aquel año 2008. La idea me gustaba. Volver a retomar algo que empezó como un mata tiempos o más bien por unas ganas increíbles de no deambular por casa y expandir mi mente por el campo, donde la humanidad vio nacer a su ser más imperfecto. El hombre. Andando por esos derroteros.

Recuerdo aquel día como si fuese el primero. Como si fuese la primera vez que me colgara al hombro la pesada mochila y aquella vara que posteriormente tantas alegrías me daría. Esa noche, no hacía nada más que pensar en “¿cómo será?”. Verdaderamente la curiosidad se apoderó de mí.

Llegó la mañana y mis esperanzas por saciar mi incertidumbre se desplomaban cada 10 minutos. Cada diez minutos, una leve gripe y malestar hacía peligrar una jornada y debilitar físicamente a mi padre. Puede que mis infantiles lágrimas golpearan tan fuerte la conciencia de mi padre, que a pesar de todo el dolor del mundo, decidió que nos escapásemos a uno de los mejores sitios donde me puedo encontrar. Creo que es en este episodio, cuando verdaderamente ves y sientes el esfuerzo que muchas veces realizan nuestros padres por agradarnos y quitarnos las caras largas.
La carretera la conocía. Es por eso que empecé a especular demasiado temprano sobre el sitio. El viaje estuvo acompañado de 4 cosas: el coche, mi padre, mi felicidad agridulce y yo. Lo veía fatigado. Agotado. Tremendamente desgastado de aquella semana de trabajo… Y pensar que por mi culpa le hice de levantarse de la cama con tanto como tenía… Bien pensado ahora, me siento un poco miserable. Pero a la vez, doy gracias a esa muestra de egoísmo, porque fue el responsable de lo que posteriormente se convertiría en un fuerte lazo de unión entre padre e hijo.

El lugar

Al ver aquella gran panorámica de aquel místico y amplio pantano, mis ojos se ensancharon y mi padre me dijo: “hijo, este es el rey de reyes. El mejor pantano que he podido conocer”. No era consciente en ese momento de todo lo que veía. Quizás fuera por el febril arrebato de lance y recogida que sentía o porque en ese momento no supe distinguir bien entre realidad cercana y la realidad que escondía internet.

Cuando llegamos a la zona en la que habíamos depositado nuestras esperanzas, vimos a un cálido señor sentado en su silla y con su caña enchufable de unos ocho metros, tentando a cualquier pequeño alburno que se preciara. Cariñosamente nos dio los “buenos días” y a continuación intercambiamos alguna pequeña inquietud y vivencian personal relacionada con el lugar.

Lanzando esperanzas

Sin más demora comenzamos a lanzar. Y así transcurrió la jornada (si es que se puede llamar jornada a 2 horas de pesca). Mi padre, cansado y un poco frustrado de no haber sacado nada aquel día, decidió por los dos que debíamos irnos (puede que por la amenaza de lluvia, por los concertados planes de esa tarde, por su estado físico, a saber…).

Decidí dar un penúltimo lance para acabar. Y fue ahí, donde mi corazón se aceleró a 100 Km/h, cuando mi caña empezó a vibrar y sabía que algo había ahí. En efecto, un pequeño lucio que nos sorprendió a los tres. A mi padre, al lucio y a mí mismo. Fue en ese momento, cuando descubrí y me sentí enganchado hasta el fondo de esa droga. De estar en el campo. Con mi padre. Compartiendo jornadas. Momentos. Ilusiones. Decepciones. Capturas. Secretos. Ahí empezó todo.

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2 Comentarios

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  1. Toni Martínez
    #1 Toni Martínez 15 marzo, 2013, 10:16

    Precioso relato Alejandro!! los padres harían cualquier cosa por sus hijos y no hablemos ya de compartir juntos un deporte tan apasionante y hermoso como es la pesca. Saludos!!

    Contesta a este comentario
    • Alejandro Hernandez
      Alejandro Hernandez 15 marzo, 2013, 14:56

      Muchas gracias Toni! La verdad esque gracias a mi abuelo y gracias a el me metieron en esto. Y pese a que estaba enfermo, saco fuerzas para llevarme y contentarme. Increible. Saludos

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