En busca de las truchas de altura

En busca de las truchas de altura

En busca de las truchas de altura

por 7 de junio de 2013 0 comments

Si tuviera que decidir cuál es la pesca más hermosa, sin duda diría que la pesca de la trucha en los lagos de alta montaña. Pescaremos en lugares de difícil acceso y truchas bellísimas, donde no sólo la pesca nos enamorará, inmersos como estaremos en parajes tan salvajes.

Pesca de la trucha

Pero para pescar esas solitarias y poco tocadas truchas deberemos sudar tinta y ser conscientes de que a nuestra salida de pesca deberemos sumarle un tanto de aventura. Si a nuestra afición favorita le sumamos la práctica del trekking, ya no podemos pedir más. Unas jornadas de pesca a más de dos mil metros, acampados bajo un inmenso manto estrellado, con el único sonido del chapoteo de alguna trucha, es algo imborrable y a poco que podamos estaremos deseando volver a repetir la experiencia. Pero no es fácil y esta aventura requiere de ciertos pasos que deberemos dar antes y durante las jornadas de pesca.

Los primeros pasos

Es primordial estar en buena forma física para acceder a la mayoría de estos lagos, y para llegar a los más alejados, será inevitable tener experiencia en alta montaña.

A la hora de elegir un lago tenemos dos opciones. A través de revistas de pesca o en páginas y blogs de internet, podemos saber cuáles son buenos lagos para la pesca. Pero sin duda serán los más conocidos y pescados, mientras otros lugares pasan desapercibidos. A esos llegaremos con un buen mapa. Un mapa montañero de escala 1:25.000 o 1:40.000 nos servirá a la perfección y nos indicará todos los detalles necesarios para acceder sin problema si sabemos interpretarlos. Buscaremos los lagos menos conocidos en las cabeceras de los valles y si además hay varios de ellos comunicados por un pequeño arroyo, mejor que mejor.

Colomers, donde podremos practicar la pesca de la trucha.

Da igual el tamaño de la masa de agua, hay pequeñísimos lagos repletos de truchas y al revés, grandes lagos con escasas poblaciones. Es una empresa más complicada dar con buenos lagos de esta manera, pero la recompensa valdrá la pena. Con el tiempo, si nuestras piernas nos lo permiten, tendremos controlados un buen número de lagos donde disfrutar, unos más conocidos y otros más perdidos. Encontrar un lugar de éstos, creedme que es como llegar al paraíso. El Pirineo es un lugar privilegiado para ello y en especial los lagos e ibones de la zona de Aragón, Andorra y Catalunya.

Material de montaña

No son lugares para pescar “de campo y playa”. A esa altitud la cosa se pone seria y si no se va preparado, lo que podría ser una jornada o un fin de semana de diversión se puede convertir en una pesadilla. Tanto si pescamos a inicios de temporada (la veda se abre en mayo) como en el verano bien entrado, se hace necesario cargar en la mochila ropa de abrigo, como un buen polar y pantalón técnico. Y si queremos pasar un par o más de días, una ligera tienda de campaña de un par de plazas, un buen saco de dormir, una esterilla técnica y utensilios de poco peso, serán materiales imprescindibles con los que preparar el petate. Siempre podemos pasar la noche en la confortabilidad de un refugio de montaña, todo un lujo a esas alturas, pero se pierde en parte la esencia de nuestro propósito: entremezclarnos con la naturaleza tras las truchas de altura.

Nuestro equipo de pesca

Para los amantes del spinning, para la pesca de la trucha en alta montaña, recomiendo ante todo, ligereza: equipos que no ocupen demasiado espacio en la mochila y que nos permitan batallar con buenas truchas. Hoy en día se están poniendo de moda cañas light para la trucha, pero en ciertas zonas no me la juego. Una buena trucha de algo de más de un kilo da mucha guerra y lo ideal es una caña ML de acción 5-28 por ejemplo, de 1.80 o 2.10 m. Esta caña compensada con un ligero y pequeño carrete de spinning, cargado de fluorocarbono del 0.16 es lo ideal.

Toni Martínez practicando la pesca de la trucha en la frontera entre Andorra y Francia.

En cuanto a los señuelos, no hace falta complicarse. Unas cucharillas comodín, como las plateadas con puntos rojos del nº2 y unos cuantos minnows, tanto flotantes como hundidos, en colores naturales e imitaciones de trucha, serán más que suficientes para pescar en los cristalinos lagos. En una pequeña cajita llevaremos lo necesario. No está de más llevar un par de aparejos de buldó para esos momentos que se ceban sin parar.

Y si lo tuyo es la cola de rata… más de lo mismo. Versatilidad. Una caña de nueve pies y un carrete con dos bobinas, línea 4 o 5 flotante y hundida. Ideal para intercambiar la seca con la ninfa y los estrimers en esas zonas más profundas. Que no falten en la caja tricópteros, efímeras, hormigas aladas, ninfas y algún estrimer.

Los diferentes salmónidos

En estos ecosistemas encontramos cuatro variedades de salmónidos. La brava arco-iris (la menos habitual), trucha común de repoblación de origen Atlántico, trucha autóctona y el mágico salvelino. A menudo conviven en un mismo lugar, pero lo más habitual es que un lago esté habitado por la trucha autóctona y en ciertos lugares, el salvelino. Debido a la presión pesquera en tan sensibles lagos, se han efectuado repoblaciones. Últimamente han aumentado las repoblaciones con alevines de ejemplares salvajes, pero repoblar con truchas de origen centro-europeo era una práctica, desgraciadamente, bastante habitual hasta hace poco.

Toni Martínez nos da algunos consejos para practicar la pesca de la trucha en alta montaña.

Buscar un pez como el salvelino en estos increíbles lugares es algo muy gratificante, aunque sea una especie alóctona. Habita ciertos lagos donde la trucha común lo tiene más complicado para reproducirse, y el salvelino es mucho más adaptable y prolífico, y pienso que se le debería proteger más en ciertos lugares, y no se hace. Solo nos queda nuestro respeto por tan hermosa especie y tratarla como si de una fario se tratase.

La estrategia a seguir

Y ahora toca… ¡pescar! Seguiremos unas pautas que no suelen fallar para que logremos unas bonitas truchas de esas que posan a la perfección en nuestros objetivos fotográficos y doblan bien el puntero de la caña.

A primera hora de la mañana, con el sol aún sin dejarse ver, es un momento obligado para lanzar los aparejos. Lo mejor, un pequeño minnow o para el mosquero, una ninfa de cabeza dorada o un estrimer. Son momentos en los que las truchas de mejor tamaño se dedican a la búsqueda y captura de pequeños alevines. Una vez el sol ya está en lo alto lanzaremos las cucharillas que con los reflejos del sol, atraerán a los peces. Comienzan las eclosiones y las moscas secas serán también las aliadas de la cola de rata. Y una vez hayamos repuesto fuerzas con una comida calórica y mucha agua (importantísimo hidratarse a estas alturas), esperaremos el momento mágico del serenos donde las truchas se cebarán sin parar sobre las moscas. Cualquier seca bien presentada será tomada.

El spinner también puede cambiar sus señuelos por una cuerda de buldó con un montaje donde se alternen secas, ahogadas y una ninfa. Siempre procuraremos lanzar lo más lejos posible o donde veamos una ceba, pero en multitud de ocasiones pescaremos a pez visto. Tampoco pasaremos por alto cualquier roca de tamaño o un buen tronco semisumergido. Por poco que el día acompañe, la jornada acabará a lo grande, dejándonos un recuerdo imborrable del impresionante lugar donde estamos pescando.

Por supuesto, tras una foto, podemos guardar algún ejemplar para degustarlo en casa, pero en estos lagos, lo más gratificante es ver como esa bonita trucha que tanto nos ha hecho disfrutar, vuelve a su medio cristalino para darnos futuras alegrías.

Captura y suelta de una trucha de alta montaña.

Espero que os animéis a visitar estos lugares con tanta pesca y encanto. Preparaos a conciencia y lanzaros a la aventura, respetando siempre un entorno tan bello y salvaje.

¡En Coto de PeZca esperamos ver esas bonitas fotos de vuestras jornadas practicando la pesca de la trucha!

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