El tonto del bote. Réquiem por el mogambito.

El tonto del bote. Réquiem por el mogambito.

El tonto del bote. Réquiem por el mogambito.

por 5 de noviembre de 2013 2 comments

Es usual el poco respeto generalizado en la sociedad actual, por lo que no iba a ser menos en el mundo de la pesca. De todos es conocida la depredación sin mesura de cualquier especie piscícola y los atentados constantes al medio ambiente. Pero en esta jornada de pesca voy a comentar algo sobre un conocido e irrespetuoso personaje que seguramente sea célebre para muchos pescadores y que pulula –“a toda leche”, eso sí– por cualquier masa de agua en la que esté permitida la navegación con motor de explosión: “el tonto el bote”.

Josan con un lucio. El tonto del bote. Réquiem por el mogambito.

Cualquier generalización acarrea injusticia, por lo que hay que puntualizar en primer lugar que cuando pescas en barca, y más si no es de grandes dimensiones, los que pasan a tu lado con una mayor suelen aminorar la marcha y alejarse en lo posible para no causarte ningún, digámoslo así, inconveniente. Pero, como en todas las órdenes de la vida, hay una minoría de macarras con potentes embarcaciones, también conocidos como “tonto el bote”, normalmente ajenos al mundo de la pesca y más centrados en los rallys acuáticos que, en cuanto te ven, incluso aceleran para hacer una penosa demostración de “quién la tiene más grande”.

Y esta introducción viene a colación para explicar cómo perdí a mi querido mogambito. Algunos exclamaréis al leer esto… ¡Si es un simple vinilo! ¡Con poner uno igual ya está! Sí –podría contestar yo- pero, ¿quién enseña al nuevo? ¿Quién me puede desmentir que no tuviera un don?

Vinilo mogambito

Mi mogambo (también conocido como jumbo o grub), y no me refiero al modelo, sino al mismo, único e inimitable señuelo, había triunfado sacando depredadores en los pantanos de Alarcón, Buendía, Contreras y Bolarque y muestra de ello eran sus múltiples cortes y desgarros, la poca sujeción que ya le aportaba el jig y la cola casi cercenada, todo producido en su impecable e implacable lucha con esócidos y pércidos. Pero seguía pescando, siempre inmune al desaliento y a su malherido cuerpecillo de vinilo. Y es aquí donde explicaré cómo lo perdí, no en acto de servicio como se hubiera merecido por el gran trabajo prestado, sino atropellado por el mencionado “tonto el bote”.

Sirva esta crónica como denuncia de la falta de respeto sobre el sufrido colectivo de pescadores.

Ya había hecho un par de pasadas cercanas a nosotros en plan “Fitipaldi” –al tonto me refiero– y ya habíamos visto mi compañero Adolfo y yo como casi hacía zozobrar a un par de valientes pescadores de pato y algún practicante de kayak, cuando vemos en lontananza como se acerca de nuevo a toda velocidad mientras practicábamos el curricán. Aquí quiero hacer un inciso, ya que ante la poca productividad de mis artificiales, y comentando las habilidades en estos lances de nuestro común amigo Julio, gran dominador de la técnica de pesca con vinilos, entre otras,  puse a mi querido mogambito –Sí, leéis bien, un vinilo al curricán. Sólo hay que ponerlo a la profundidad adecuada y será tan efectivo como el más caro y logrado pez artificial específico para esta pesca–. Pues… Éxito total: en poco tiempo y pese a la casi nula actividad de los lucios conseguí sacar dos en un breve lapso de tiempo, el primero de 4,5 kilos y el segundo de 2,5 kilos.

El tonto del bote. Réquiem por el mogambito.

Pero, aparte esto, y retomando al del bote, llegó a nosotros con tal celeridad que intentando alejarnos lo más posible del oleaje que iba a provocar, y haciendo curricán como estábamos, al girar me arrolló el sedal, casi me quita la caña de la mano y a punto estuvo de dejarme sin trenzado, aunque lo peor fue que me cortó éste y así perdí a mi querido y añorado mogambito, que, con diferencia, ha sido el señuelo que más éxitos ha cosechado para este sufrido pescador. Ahora mismo, queridos lectores,  estoy limpiando con un paño el teclado de mi ordenador por los lagrimones que surcan mis mejillas al recordar tan profunda y penosa pérdida.

Así que, sirva esta crónica primero como denuncia de la falta de respeto sobre el sufrido colectivo de pescadores; segundo como demostración de que en la pesca muchas veces hay que adaptarse a las circunstancias y utilizando técnicas que, aunque en puridad parezcan erróneas o poco ortodoxas, nos pueden arreglar una dura y poco productiva jornada; y tercero, y no menos importante, como recordatorio de mi abnegado y solícito vinilo perdido:  ¡descanse en paz!

Nota: La pesca siempre hay que tomársela con sentido del humor, si no… mal vamos.

 

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2 Comentarios

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  1. Josan Illescas
    #1 Josan Illescas 7 noviembre, 2013, 14:19

    Así es Toni, la falta de respeto y los alardes, ¿de qué?, están al orden del día. A ver si alguna vez les entra un poco de civismo hacia los demás usuarios de las aguas.

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  2. Toni Martínez
    #2 Toni Martínez 5 noviembre, 2013, 10:08

    Pobre vinilo….. lo penoso el desde luego el poco respeto de quien cree que un pantano es un circuito de F1. Un saludo.

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