Dieta para una dura jornada de pesca

Dieta para una dura jornada de pesca

por 12 de junio de 2013 3 comments

El que haya leído el título de este artículo seguro que lo primero que le viene a la mente es una barra energética, hecha de sabe Dios qué, o de una bebida isotónica, pero puedo asegurar que nunca he tomado una de éstas a no ser que el gin-tonic y el J&B con cola sean “isotónicos” –la tónica, sólo por el nombre, ya se parece algo, y tonificar, mezclada con abundante ginebra, tonifica… a veces en exceso–.

¡Pero no! Nuestra gastronomía patria tiene suficientes productos como para aportar toda la energía que un pescador necesita en sus jornadas, algunas maratonianas, de pesca. Así que, a continuación pretendo hacer una sucinta lista de los platos que nos han acompañado durante tantos años en nuestro deambular por las orillas de ríos, pantanos y mares y que nos han aportado la fuerza suficiente para entablar lucha desigual con los peces que han tenido a bien picarnos, o que nos han consolado si éstos se han negado a probar nuestros cebos y engaños. Cierto es que con el estómago lleno las cosas se ven de forma más optimista, y una jornada marcada con un “bolo” nos parecerá, así, más agradable y llevadera.

Josan Illescas nos habla de la dieta del pescador para soportar una dura jornada.

Por tanto, aquí os presento una pequeña parte de los manjares que contribuirán a conseguir una dieta rústico-mediterránea sana y equilibrada en la dura jornada del sufrido pescador:

La tortilla de patatas

Monumento cumbre de la gastronomía patria. “Bifidus” activos no aportará, pero te da unas energías que después de esta opípara pitanza hay que acomodar los lances para no sacar el señuelo del río o pantano. Muchos consejos hay para hacerla más “saludable” reduciendo las grasas y calorías, como eliminando las yemas de los huevos o hirviendo las patatas. ¡Craso error! Convertiremos a la tradicional tortilla española en un engendro propio de la “nouvelle cuisine”. Déjala con sus grasas y calorías que son las que nos aportarán las fuerzas necesarias para no desfallecer en la dura jornada de pesca. Las proporciones recomendables serían un kilo de patatas y ocho huevos por cada dos comensales. ¡Y no exagero! Más de una de esta magnitud he compartido con algún colega. Si sobra, no importa… para la cena.

Los chorizámenes

No hay dieta equilibrada en la merienda del pescador que no contenga al jamás nunca bien ponderado: chorizo frito. Qué delicia notar en las papilas gustativas el exquisito sabor del cerdo condimentado con pimentón. Con un par de éstos podrás aguantar impávido toda una mañana sacando y metiendo la enchufable –a la caña me refiero- sin notar el más leve síntoma de fatiga. Tómate sólo una barrita energética y verás como los brazos te tiemblan y notas como no te responden a las pocas horas de pesca.

La caldereta

Tanto el cordero frito únicamente con ajos, como añadiendo al mismo su correspondiente cebolla, pimiento verde, rojo y tomate, serán, además de una delicia gustativa, una inagotable aporte energético para el sufrido pescador. Manjar en extremo apetitoso, que si se disfruta al aire libre aumenta en grado sumo su sabor y sus dotes nutricionales.

Josan Illescas nos habla de la dieta del pescador para soportar una dura jornada.

La barbacoa

¡Insuperable, magnífica, grasa por doquier! Morcillas, chorizos, panceta, chistorra, forro, contra muslos de pollo, secreto de cerdo, churrasco,… Qué agradecida es; cualquier tipo de carne le viene bien. ¡Qué orgía de gustos, olores y sabores! A ver qué chef de medio pelo es capaz de lograr hacer la receta de una barbacoa “deconstruida” o “desestructurada”. Imposible destrozar, como han hecho con otros platos tradicionales, esta sin igual forma de asar carne. Sí me gusta la comida exquisita, pero no escasita.

Las latillas

Cierto que no son un guiso ni una receta de cocina de alta escuela, pero ¿cuántas veces nos han sacado de un apuro mitigando nuestra voraz hambre en una jornada de pesca? ¡Qué gran invento! No hay versión alimenticia más recurrida y socorrida para el pescador, la cual es tan indispensable en el morral del mismo como los anzuelos. La latilla de atún, de mejillones, de caballa en sus múltiples variedades: aceite, tomate y escabeche y, sobre todo, la reina de las latillas: la de jamón de York.

Cuántos días de pesca me ha acompañado y con qué gusto y deleite la he disfrutado con un “cacho” pan. En este epígrafe, que bien podría titularse “comida de campaña” o “de emergencia”. También se podría añadir el socorrido fiambre en sus múltiples variedades; muy de mi gusto la mortadela de aceitunas, pero no la light –que hasta de esto hay, ¡qué pecado!–, sino la otra.

Por no extenderme en demasía sólo nombraré alguna exquisitez, entre muchas otras, que podrían formar parte de la dieta del pescador, y que de hecho yo mismo he disfrutado más de una vez: la paella, el ragú de ternera, los huevos fritos con chistorra y jamón. ¡Cuánta maravilla gastronómica!

Josan Illescas nos habla de la dieta del pescador para soportar una dura jornada.

La bebida

Cualquiera vendrá bien, pero a ser posible un buen botillo con caldos de la tierra. Vino peleón, oscuro, recio y viril, que al darle un trago haga carril al pasar por el gaznate en su estimulante viaje a nuestro agradecido estómago. Verás cómo después de varios sorbos prolongados de este noble y rotundo líquido espirituoso lo que te sobra es energía y decisión para coger la caña, sin obviar una ligera embriaguez. Otra cosa es que te acuerdes de dónde la has dejado.

Pero, eso sí, bueno es disfrutar con la comida en nuestras jornadas de pesca, pero también hay que advertir del cumplimiento estricto de la normativa a la hora de hacer fuegos, y sólo prender éstos cuando nos sea permitido y cuando no acarree un peligro de incendio. Ante todo, para el buen pescador, la preservación del medio ambiente será su regla máxima. Si por no echar fuego nos tenemos que comer una latilla, ¡bien buenas que están! –lo de dentro, a ver si os vais a comer el recipiente metálico, que sois muy brutos–. Ya tendremos ocasión de comer otras “delicatessen”.

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3 Comentarios

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  1. Josan Illescas
    #1 Josan Illescas 13 junio, 2013, 21:55

    Sin duda alguna, un buen almuerzo o merienda compartida con los amigos es lo que te hará volver a pescar cuando la jornada no haya sido muy fructífera en orden a capturas. Además, ¿a quién no le sabe mejor la comida en medio de la agreste naturaleza? ¿Eh, Toni y Javier? Cuando queráis compartimos una de estas dietas “light”, ja, ja, ja…

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  2. Javier Sousa
    #2 Javier Sousa 13 junio, 2013, 14:39

    A mi entender, el acto de comer es parte de la jornada de pesca y entra a formar parte de toda la experiencia. Sin duda una parte importante.
    Josan, otro artículo fantástico.

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  3. Toni Martínez
    #3 Toni Martínez 12 junio, 2013, 12:24

    QUE HAMBRRE!!!!!!!!!!!! Y luego dicen que pescar es aburrido. No hay nada mejor que comer en plena naturaleza. Muy bueno Josan. Saludos.

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