La revolución de las botas de vadeo

La revolución de las botas de vadeo

La revolución de las botas de vadeo

por 26 de junio de 2012 0 comments

Sin lugar a dudas, las botas de vadeo es uno de los complementos que mayor beneficio proporciona al pescador en términos de seguridad. Ésta, por su parte, debidamente provista de una gruesa suela de fieltro, puede incorporar varios tornillos insertados a rosca, para lo cual existen diversas alternativas al alcance de todos los bolsillos, y bien robustas en cualquier caso.

botas de vadeo

 

En este sentido, los fabricados en tungsteno –también conocido como wolframio– son la mejor opción que hay a la hora de acentuar el agarre a la piedra cubierta de musgo, aunque también existen otras soluciones menos conocidas, pero de una contumacia y duración de largo recorrido, y lo que es mejor, a un precio mucho más que asequible. Eso sí, a buen seguro que habrá quien considere que dicho material es menos glamuroso, pero, ¿acaso sois de los afortunados que tienen el dinero por castigo?

La botas de vadeo una verdadera revolución

Las botas de vadeo han arribado al ámbito marítimo procedentes de la preciosista pesca con mosca. Ahora bien, es justo reconocer que este es un complemento que bien merece la pena tener, máxime si sois de los que acostumbráis a patear tramos de costa sometidos a la acción del mar.

En principio, y hasta que tuvo lugar la aparición de este elemento, el desplazamiento por las piedras debía hacerse con sumo cuidado, pero, eso sí, el hecho de portarlas no implica que ahora podáis olvidaros de los peligros que entraña caminar por un estrato tan traicionero.

Por tal motivo, si pretendéis hacer una incursión por el pedrero, olvidaros de emplear otro calzado que no sea de vadeo o de montaña, dada cuenta que el resto no servirá más que para coquetear innecesariamente con un doloroso trompazo. En este sentido, zapatillas de deporte, botas de plástico, mocasines –vive Dios que hay quienes caminan por el resbaladizo cantil con zapatos de calle–, chanclas –otra que tal baila– y alpargatas, deberán aguardar su turno de uso en casa o, al menos, en el maletero del coche, a la espera de una posterior sustitución del calzado, una vez haya finalizado la sesión de pesca.

Eligiendo botas de vadeo candidatas

Si bien el tungsteno es un material mucho más duro que el acero, a veces podéis encontraros con pobres aleaciones que tendrán como consecuencia el desgaste del material al cabo de poco tiempo, cuestión que supone un auténtico fastidio, habida cuenta que el coste unitario de cada tornillo se sitúa en torno al euro, y que en cada bota habréis de colocar –como poco– media docena de ellos. En fin, ya sabéis que no siempre es oro todo lo que reluce.

No obstante, en el supuesto de emplear acero inoxidable, aun cuando éste pueda plantear el mismo inconveniente, los tendréis a un precio ridículo si efectuamos comparación con aquéllos. De este modo, y estableciendo una relación calidad-precio-resultado entre los posibles candidatos a emplear, no cabe duda que el inoxidable, en su versión de tirafondo con cabeza hexagonal se lleva la palma.

Una vez designado el tipo de tornillo que encajar, en la suela de la bota puede figurar una serie de puntos dispersos en los que poder clavarlos. En tal caso, separémoslos en torno a 1,5 – 2 centímetros de distancia del borde de la bota, intentando siempre que tanto el fieltro como el acero actúen de modo sinérgico. Eso sí, no olvidemos colocar al menos un tornillo entre el talón y la parte delantera del pie, pues esta zona es crítica en los desplazamientos, un detalle que os evitará padecer sustos innecesarios cuando, por ejemplo, se apoya el peso del cuerpo sobre el filo de una piedra, o bien se asciende de una roca a otra, momento en el cual el menor desequilibrio puede causarnos serios problemas.

La unión hace la fuerza

La colocación de tornillos en la suela de las botas de vadeo es una labor bien sencilla que, sin embargo, requiere de unas mínimas dosis de paciencia y ninguna prisa para que se haga correctamente. Por tal motivo, cuando tengamos que quedarnos en casa por cualquier motivo, y armados de una simple llave inglesa y/o unos alicates, preparémoslas para cuando llegue el momento de abandonar los cuarteles de invierno.

En este orden de cosas, cuando no haya agujeros de guía, dejemos que algún compañero nos aconseje en orden a emplazarlos debidamente para que, al mismo tiempo, nos resulten cómodas. Y es, a partir de entonces, cuando va ser más que complicado que seáis presa de un inoportuno resbalón que dé lugar a que vuestras posaderas se estampen con virulencia contra el suelo.

Eso sí, hay que recordar que el hecho de contar con un buen amarre al suelo no os convierte en inmunes frente a los peligros que se esconden en cada esquina, de ahí que siempre sea conveniente ser prudentes, pues ésta, sin duda, es la mejor contramedida que podéis adoptar para conjurarlos eficazmente.

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